La guerra de España estaba vista para sentencia. Los brigadistas internacionales vivían sus últimos días en territorio español. Čedo Kapor había sido herido en el frente del Ebro a finales de julio de 1938 y disfrutaba de un permiso en Barcelona. Era un serbio de Yugoslavia, el joven reino nacido tras la I Guerra Mundial.

Paseaba por la calle Cortes, hoy la Gran Vía de las Cortes Catalanas, donde entró en una librería. Allí encontró un libro titulado Estampas de la Revolución Española 19 julio de 1936, una edición con ilustraciones con escenas de guerra propagandísticas firmadas por SIM. El librero le dijo que era suyo a cambio de una lata de carne. Algo que él no tenía encima. Al día siguiente volvió con la lata, pero otro brigadista se había adelantado y se había llevado el volumen ilustrado.