En línea con la sempiterna connivencia de la derecha, especialmente la ultra, con la Iglesia, en 1998 José María Aznar le regalaba al clero una reforma de la Ley Hipotecaria (Decreto 1867/1998) que amplió el privilegio de la Iglesia a la hora pone a su nombre en los Registros de Propiedad, bienes públicos a nombre de los arzobispados correspondientes. Es un privilegio que ya ostentaba la Iglesia católica en España, como es de rigor, desde la época franquista.