Religión y concertada: dos temas muy fáciles de solucionar PDF Imprimir E-mail
Laicismo - Estado Laico
Escrito por Jordi Martí   
Lunes, 23 de Julio de 2018 04:14

A veces planteamos dificultad en ciertas cuestiones que, simplemente acudiendo al cumplimiento de la ley o a lo que nos permite, podrían ser solucionadas rápidamente. Hay asuntos que se enquistan por motivos políticos que, al final, tienen muy poco que ver con la educación y más con intereses privados (de personas, empresas u organizaciones). Es por ello que se hace habitual ver como patronales de cierta tipología de centros educativos hacen lo posible para que no se construyan centros públicos o, simplemente, se ofrezca ese servicio (fuente).

Saben que el negocio se les puede ir al traste. Y no olvidemos que hay dos concepciones de educación: la de la consideración del alumno como cliente y la de la consideración de la educación como servicio. Además, nunca hemos de olvidar el poder “adoctrinador” de la escuela para incorporar o potenciar un determinado ideario en los alumnos. Algo que se hace de hace mucho en determinadas asignaturas o modelos de centros educativos. No discuto que haya algún cafre en la pública que pueda adoctrinar pero hay centros que ya lo llevan en su ideario/misión.

También el tema de la religión es de traca. Docentes elegidos por el obispado que entran en las aulas y obligan, por su culpa, a tener a los alumnos encerrados en el aula (tanto a los que reciben doctrina como a los que no). Son dos horas lectivas semanales (o una en algunas Comunidades). Demasiado tiempo que, ahora, van a compartir varias religiones. Sí, si se juega a impartir doctrina, todo el mundo tiene derecho a impartirla. Dos centros en Castellón van a incorporar islam como alternativa a religión católica y a su alternativa. Y, además, legalmente. Claro que sí. Si abrimos el abanico lo hacemos para todos. Curiosamente, los que se quejan de esta medida son los mismos que hablan de la necesidad de mantener religión católica en los centros (fuente). Todo muy lógico.

Pero vayamos a soluciones para las dos cuestiones. Y me vais a dejar empezar por la religión que, quizás, es de las más sencillas de solucionar. La solución para eliminar la religión es que nadie la elija. No hace falta derogar acuerdos. Simplemente trasladar esa asignatura a horarios como pueden ser tardes en centros que hacen jornada continua o a sábados para aquellos centros con jornada partida. No estamos prohibiendo que nadie la elija pero, si la hacemos no evaluable (ni a ella ni a su alternativa), por qué no proponer este cambio. Ahora viene la pregunta… ¿y qué hacemos con la asistencia obligatoria a religión o a su alternativa? Don’t worry. Todo está pensado. La alternativa se ofrece en jornada habitual (a primeras o últimas horas) porque ningún articulado legislativo habla de la coincidencia temporal de ambas asignaturas. Si se quiere no hacer una chapuza es más fácil hacer un decreto para que no exista esa alternativa a religión. Tiempo libre a cambio de religión. Creo que no haría falta ni tan solo decreto porque, lo que nos marca el Concordato, es simplemente la oferta de religión.

El tema de los conciertos es algo más complejo porque exige destinar recursos (léase inspectores) para ello. Se trata simplemente de obligar a que cumplan la ley, impidiendo las cuotas (voluntarias o no, ya que en la pública no existen ni unas ni otras y, tal como dicen los defensores de ese modelo ellos son de todos y para todos) y, haciendo una distribución de alumnado con NEE y de familias socioeconómicamente deprimidas a esos centros. Sí, uno de los puntos del decreto de admisión sería el nivel adquisitivo haciendo que, a mayor nivel adquisitivo de las familias fuera imposible matricularse en esa tipología de centros. No solo eso. Los centros concertados que, según sus hooligans, dicen que lo hacen mejor que en los públicos, asumieran la totalidad de alumnado inmigrante. Si tan buenos resultados sacan con los alumnos, ¿por qué al igual que sucede con la asignación de determinadas plazas/tutorías al profesorado más experimentado no asignarles la totalidad de alumnos complicados? Toda la FP Básica a los conciertos. Todos los proyectos de alumnado específico (PMAR, PR y PAM en sus diferentes versiones), etc. Además, no debería permitirse conciertos en centros que segreguen por sexo o ideología. Que haya centros donde alumnado de religión no católica se sienta excluido es algo que tampoco debería permitirse. Demasiado crucifijo aún en determinadas aulas. Algo que va en contra de esa educación inclusiva e integradora. Si todo es tan maravilloso, con lo anterior se demostraría que lo que tenemos que hacer los públicos es desaparecer.

Por cierto, no os lo he comentado. Los centros concertados no deberían obtener beneficios y sus trabajadores deberían tener los mismos derechos laborales que los de la pública (y el mismo sistema de acceso). También los mismos ingresos para que así no puedan acudir a ese mantra de recibir menos dinero por alumno que los de la pública. Entonces y con lo anterior, la concertada dura medio telediario. Y sin ir contra ella. Simplemente obligándola a hacer las cosas como toca.

Creo que no es tan complicado resolver el problema de la religión y los conciertos. Solo hace falta voluntad política y mirar el procomún. Un procomún muy alejado de lo que puedo desear yo o mi vecino y pensando más en el global de la población. Y, especialmente, en nuestros alumnos.

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Fuente: XarxaTIC