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¿Por qué nos atacan? PDF Imprimir E-mail
Imperio - Las Guerras USA
Escrito por Jesús Valencia   
Sábado, 10 de Septiembre de 2016 00:00

En estos días, parece que se mueven hilos para acabar con la maldita agresión a Siria. ¡Ya era hora! Esta perspectiva alentadora me evoca la pregunta que nos espetó en los días de la Caravana un ciudadano de Alepo al que encontramos en Grecia. Mucho antes de que él naciera, las potencias coloniales de la época ya se habían repartido aquellos territorios como si de un corral sin dueño se tratara.

Cien años más tarde, los acuerdos secretos de Francia e Inglaterra cuentan con más socios pero siguen estando vigentes.
Las actuales potencias coloniales, que en buena medida coinciden con las de entonces, siguen encontrando abultadas razones para controlar Siria. Es puerta de entrada a tres continentes y ruta obligada para achicar el margen de maniobra  de potencias rivales; si Damasco cae, la base rusa de Tartus quedaría engullida y las murallas chinas, a un tiro de piedra. Recientes sondeos geológicos, han detectado en el subsuelo sirio ingentes masas de gas (combustible preferente para que la sociedad consumista del futuro incremente su depredación). Quien controla el territorio sirio, podrá bombear los hidrocarburos de Oriente Medio hasta las codiciadas riberas del Mediterráneo.

Y junto a las innegables seducciones sirias, sus muchos delitos que el Nuevo Orden Mundial no puede tolerar. Se proclama anti sionista y reclama de Israel los Altos del Golán que éste ocupó en 1967. País amigo de gentes que constan como proscritas en los listados oficiales de Occidente: Palestina, Iran, Hizbullah. Pueblo tradicionalmente abierto a diferentes credos e iglesias, Siria ha sido cuna de seis Papas. Su población, mayoritariamente mahometana y chií, ha eludido las guerras interconfesionales con las que los imperialistas resquebrajan la unidad de naciones a las que intentan volatilizar; la sharia, que con tanto rigor defienden los fanáticos, es inconstitucional; en los tiempos previos a la guerra, la población se beneficiaba de los ingresos petroleros que no están privatizados. Su solidaridad para con los refugiados iraquíes fue modélica.

Nuestro interlocutor de Alepo hubiera encontrado la respuesta a su pregunta si hubiera escuchado a Wesley Klark, general norteamericano y ex comandante de la OTAN. Fue requerido unos días después del 11S para que organizara un ataque a Irak. ¿Por qué?, preguntó sorprendido sabiendo que a dicho país no se le acusaba de nada. Su pregunta recibió una lacónica respuesta: «No sólo se trata de Iraq. Detrás vienen Libia, Siria, Líbano, Sudán e Iran». Aquel diabólico programa del Pentágono se va cumpliendo con rigurosa precisión y –todo hay que decirlo– con clamorosos fracasos.

Las potencias agresoras plantearon por tres veces en el Consejo de Seguridad la aprobación de una zona de exclusión (¡cómo se parece al Irak de 1991 y a la ejecución de Gadafi!) y, otras tantas, fue vetada la propuesta. Promovieron la creación de txiringuitos que el tiempo desenmascaró: el Consejo Nacional Sirio resultó ser un remedo del Consejo de Transición Libio; el Instituto Estadounidense por la Paz, un tentáculo de la CIA; el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, un altavoz imperialista; la agitación de los sectores islamistas radicalizados, un calco de los talibanes afganos; el Ejercito Sirio Libre, una versión corregida de la contra nicaragüense. La polvareda sobre la utilización de armamentos químicos por parte de Al Assad, fue rebatida por la Fiscal General suiza Carla de Ponte; las imágenes de niños asesinados se convirtió en humo cuando sor Agnes de la Croix aseguró que seguían vivos algunos de los «difuntos». El programa para capacitar a rebeldes moderados se quedó con menos gente que la cofradía de san Aproniano; eso sí, los «cofrades» desaparecían tras vender previamente los fierros que les habían sido facilitadas.

Estos patinazos nunca han impedido que los países coloniales regaran de armas la zona en su empeño por derrocar al Gobierno sirio. El periódico GARA recogía (26/03/13) que cientos de vuelos estaban trasladando armamento bajo la supervisión de la CIA. Hillary Clinton admitía que muchas de las intervenciones no habían sido exitosas pero, añadió con desfachatez: «nos estamos moviendo en la dirección correcta». Igual de elocuentes, pero más alentadoras, fueron las declaraciones de su paisano y senador republicano Dick Black: «Si  EEUU deja de entrenar y armar a los yihadistas, la guerra en Siria acabará. Es hora de poner fin a esta masacre, de dejar de empeñarse en derrocar regímenes y detener el derramamiento de sangre».

Por lo que respecta a Euskal Herria, el posicionamiento contra el militarismo colonial ha sido contundente. Askapena, en un comunicado de 2013, denunció específicamente el papel del imperialismo español, francés y europeo, encuadrados en la OTAN, que ni aquí ni allí respeta los derechos individuales y colectivos de los pueblos trabajadores. En fechas más recientes, el comunicado de la Caravana a Grecia también se posicionó contra la guerra, la intervención militar y el comercio armamentístico.

 

Internacionalista
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Fuente: Gara